Todos los años mueren en Argentina alrededor de 4.000 personas a causa de siniestros viales, transformándose en la principal causa de muerte y discapacidad de menores de 35 años.





Los accidentes automovilísticos están en cuarto lugar entre los hechos que mayores muertes producen a nivel nacional, el ranking se compone por las enfermedades del corazón y el sistema circulatorio, los tumores y cánceres, las enfermedades respiratorias, los accidentes de tránsito y la violencia, y, por último, las infecciones.

En la mayoría de los casos, los accidentes de tránsito ocurren por exclusiva responsabilidad del conductor, ya sea que se trate de una actitud negligente, el mal estado del vehículo a causa de la falta de inspección vehícular periódica, una distracción al conducir como el uso del celular, el cansancio, la falta de elementos de seguridad, el exceso de velocidad o el consumo de alcohol.

Los signos de alarma crecen ante el aumento en este último factor ya que, según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (A.N.S.V.), 1 de cada 4 accidentes se deben a la presencia de alcohol en sangre, no solo con altos grados de alcoholemia sino que el riesgo es también extremo con pequeñas ingestas.

Estudios de la Organización Panamericana de la Salud (O.P.S.) demostraron que a partir de que la persona comienza a ingerir alcohol ya se comienzan a producir efectos sobre el organismo que resultan negativos para la conducción. Un solo vaso de bebida alcohólica disminuye en un 20, 30 o 40% la capacidad de conducir, esta variación depende del sexo y la edad.

El Dr. Alberto Davidovich, Director Médico de Emerger, nos explica que la conducción de cualquier vehículo requiere de los reflejos activos al cien por ciento, pero el alcohol, cualquiera sea su proporción, afecta esto ya que lentifica las reacciones, distorsiona la visión, disminuye la capacidad de concentración, aumenta la sensibilidad a la luz, modifica la percepción de las distancias y, a causa de la desinhibición, el conductor se siente predispuesto a realizar maniobras que en estado de sobriedad no haría, provocando graves consecuencias.

Cuando se asume la responsabilidad de conducir, es importante que se respeten las normas de tránsito, se corrobore que el vehículo se encuentre en buenas condiciones, se preste suma atención al camino evitando cualquier tipo de distracción y, fundamentalmente, se utilicen todos los elementos de seguridad.

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